necesito contaros algo

Hola, se que hace mucho que no subo cómics, ni escribo ninguna entrada. La razón es la universidad, me tiene atado con esposas de terciopelo a la cama que es el ordenador. Y delante del ordenador no se descansa los ojos… mas bien se queman. Pero tengo algo en mente que necesito contaros, para poder vaciármela (la mente).

La historia se remonta a hace tres días, a el lunes, mientras bajaba para la universidad (tarde, como últimamente siempre me pasa) a mi clase de robótica. Iba yo escuchando “Sam’s Town” de The Killers, cuando me percaté de un detalle en un coche que estaba aparcando cerca del bar Bombito: tenía un cartel indicando que estaba en venta.
Fue entonces cuando se me ocurrió todo, pero yo no necesitaba comprar el coche, tan solo alquilarlo por un tiempo. Pero al rato de estar deliberando de si cabía alguna posibilidad de que el dueño me lo alquilara, llegué a la conclusión de que esta posibilidad era demasiado pequeña en una cultura de la propiedad no arrendada, como es la de los españoles.
Pero ya tenía decidido lo que quería hacer, y necesitaba ese volkswagen color champán. Así que seguí al dueño hasta el bar antes mencionado.

Se pidió un carajillo con una voz ronca como solo puede dejar unos cuarenta años de fumador. Cuando vi que dejaba las llaves del coche encima de la barra del bar me sentí el tío mas afortunado del mundo, pero además culpable por lo fácil que se me estaba quedando el camino.
Me senté a su lado en la barra para pedirle cambio al camarero. Solo tenia un billete de veinte en el monedero y me dolió bastante desprenderme de él, pero mereció la pena: justo cuando el camarero se alejaba hacia la caja, el hombre del coche lo empezó a seguir con la mirada.

-¡No puede ser, no puede ser! (pensé)

Y justo en ese momento, deslicé mi mano hasta las llaves (dándome cuenta de que eran como las del coche de mi padre: un mando a distancia), las cogí y me fui del bar despacio.

Una vez fuera pulsé el primer botón del mando y ví como se encendían los intermitentes del coche, indicando que se había abierto. Eché a correr y me metí lo más rápido que pude en él.
¡Era igual que el de mi padre! Las sensación de euforia me invadía completamente mientras introducía el mando como llave, pisaba el embrague y quitaba la marcha.
Y aumento aún más al empujar el mando para encender el motor, tenía suficiente gasolina como para llegar hasta la gasolinera de Bailén y allí llenar el depósito.
Metí la primera y giré hasta tomar rumbo a la universidad, para coger esa salida. Mientras bajaba la empinada calle, miraba por el retrovisor como el camarero se asomaba a la puerta del bar para ver donde se había metido ese chico sin el cambio que le había pedido.

Cuando llegué al semáforo donde cruzo cuando subo por el Valle pensé que sería buena idea pedirle al dueño que no llamara a la policía, así que abrí la guantera y busqué los papeles del coche. Entre los papeles del seguro aparecía el teléfono fijo de casa y, como todavía no se había puesto verde el semáforo, llamé con mi movil(aunque me aseguré de hacer la llamada con número oculto).
La voz de una niña de unos cinco años me acarició desde su fijo, le pregunté que si estaba mamá en casa y me pasó con su niñera. A ésta le dije que tenía que hablar de negocios con el padre, pero que había perdido el número del movil, así que como una buena niñera me lo dió.

El semáforo ya llevaba un par de segundos verde y los coches de mi espalda me pitaban sin piedad, así que proseguí con la marcha con el movil en la mano (cosa que no me gusta nada y nunca antes había hecho).
Mientras marcaba su número con el prefijo de la llamada oculta, pasé por la puerta de la universidad y aproveché que varios coches delante mía estaban parados esperando que les dieran paso para entrar en el aparcamiento de ésta para realizar la llamada.

-¿Quien es?
-Hola mira, ¿sigues en el bar?
-¿Pero quien llama?
-No me conoces, pero me acabas de alquilar el coche.
-¿Qué? ¡Me parece que se ha equivocado!
-Bueno, que el caso es que se lo he alquilado ¿vale?, por favor, no llame a la policía, que se lo voy a devolver.
-¡Vete a gastarle bromas a tu puta madre!

Dicho esto me colgó. Después de sus malos modales, no quise volver a llamarle. Además, ya iba a salir a la autovía y, repito e insisto, no me gusta y nunca hablo por el movil conduciendo (salvo esta vez).

Ahora acabo de dejar el coche en el Carrefour, me ha dado pena dejar un coche en el que he vivido tantas experiencias, pero no es mío y las cosas hay que hacerlas bien. Voy a llamar al tío otra vez para decirle que ya lo puede recoger, espero que no me vuelva a insultar. Después de como me colgó no he estado tranquilo cada vez que pasaba con él cerca de un policía, no me fio de que no haya llamado para ponerme una denuncia.
De todas formas, espero que se alegre al ver que le he lavado el coche y le he pasado la aspiradora (seguro que hacía años de la última vez que se la pasó él).

También le he dejado una nota en el volante diciéndole que le dejo el dinero en el maletero, porque no creo que hubiera sido buena idea dejar los 6.000 € a la vista de nadie.

Bueno, voy a ver que me dice. Por mi parte estoy contento, ya he devuelto el anillo a la persona a la que pertenece.
Espero que alguna vez vuelva a mí.

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